viernes, 23 de julio de 2010

De Rosarios Por Jesùs Garrido






No, no lo sabes,
los árboles nocturnos tienen raíces más profundas,
mástiles más gruesos, velámenes más altos;
sus copas son incendios transparentes
que anticipan los perfiles de la lluvia,
sus hojas no son verdes ni sepias,
sino añiles porosos,
hinchados de viento y sales marinas.

Crecen alejados unos de otros,
atando cabos en la corteza del aire,
sintetizando la ausencia
y negando sus frutos a los ojos ajenos.

Parecen surgidos lenta y libremente,
del vacío que se forma al cavar el tiempo sus trincheras.

Un corte transversal pondría al descubierto,
los vasos y las fibras de nuestros sueños de infancia.

Pero eso es, precisamente,
todo lo que ignoras,
y yo he perdido ingenuidad,
para contártelo.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

No me cubrió el sentido despierto en el vegetal sino una sombra repleta. Magnífico.

GF

Hozbelya dijo...

ytuqueandasdechismoso. yamiquemeencanta el chisme.

cristina caballero dijo...

mi primer comentario se borró, aquí lo intento de nuevo. Me gustó mucho lo que escribiste acerca de la nostalgia de uno mismo, y de la imposibilidad de decir algo cuyo lenguaje ya no es posible traducir al lenguaje de aquel "que ha perdido la inocencia". Bueno, el poeta puede, por lo menos, decir que no puede ya decir, eso es bastante, aunque ese conocimiento lleve siempre el sentido de pérdida, del Paraíso, claro. Hasta otro momento. Ya está tu blog en mis Favoritos, así que por aquí vuelvo. Saludos

Susana dijo...

Por esto te admiro Jesús, decís lo que quisiera decir. Beso inmenso desde el frío sur.

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