viernes, 8 de abril de 2011

DOS TEXTOS DE ARIEL GARCÍA.

El Sueño del Replicante

                                                     He visto cosas que ustedes no creerían,


                                                     He visto naves ardiendo más allá de Orión






Ayer, 7 de abril de 2011, el amanecer me sorprendió en cueros. Sentí el pulso ondulante de la tierra desde el tercer piso donde vivo. ¿Terminaré a la Rodrigo González? Víctima de una sobredosis de cemento. 50 segundos y la impresión del movimiento imperpetuo se desvanece. Un temblor de poca intensidad, tal vez uno entre los muchos que vendrán, fue suficiente para remover los sedimentos de mi propia mortalidad. Un sutil meneo de la tierra para redescubrir los linderos de todo lo que quiero y de las cosas que han dejado de quererme, un llamado para activar las razones de este día, una humilde pausa entre la primera y la última hora, como los días transcurridos entre asombros e instantes de gracia inmerecida. Me detuve a mirar la inocencia de mis pocas, inútiles, posesiones, y recordar en todo lo que amo, personas, instantes, libros y cartas que he olvidado, el paso transitorio de la vida, el látigo implacable de los años…
 
Nota del rejego: Yo, comnpadre, como buen androide, también sueño con ovejas eléctricas (y una que otra muñeca inflable)
 
 
POEMA A PROPÓSITO O RAÍZ DEL ASESINATO DE JUAN FRANCISCO SICILIA.
 
 
 
El país donde viven los muertos.

El país donde siempre es afuera.

El país de la abundancia

Es ahora un caos de migajas

Y desilusiones,

Hacen fiesta las promesas

Que no tocan el suelo.

Este es mi país,

donde tú estás y no quisieras.

Donde se desgarra el corazón

porque arde el rocío de la mañana.

Este es mi país

Sin duda.

Donde callan los poetas

Cuando deberían hablar.

Los indigentes y los potentados

Aprendieron a dolerse las heridas

Sin mirar

El dolor de los demás

País donde soy nadie,

A mucha honra,

y por deshonra de los que aman la verdad ,

te quiero

entre aullidos de perros

y minas de jade.

Entre la miseria y lo hermoso del mundo

media un abrazo,

como la primera luz que nos separa de la noche.

Así es en este país de silencio.

Donde aprendimos a llorar ,

Para luego quemar las miserias

De estas almas sudorosas En asuetos navideños.

(¿Quién soy yo para juzgarnos?)

País desamparado





Yo te espero,

Bajo una luz,

Y esta fe titubeante,

Como el resplandor que devora el día

1 comentario:

Anónimo dijo...

Conmovedor compadre, creo la solidaridad mostrada a Sicilia por la muerte de su hijo, es porque esta realidad del narco y sus etc esta cada vez más cotidiana y dolorosa.
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