martes, 3 de agosto de 2010

DE LA PRIMERA LUZ . Por Judith Santopietro.






Y yo me iré muy lejos/ Más allá de esas sierras/



Más allá de los mares/ Cerca de las estrellas/



para pedirle a Cristo Señor que me devuelva



mi alma antigua de niño/ Madura de leyendas...
Federico García Lorca

I


Parirse
desde este nido antiguo
encerrada en la cueva del océano
y después abrir en el mundo la herida de luz

El jardín afuera se llena de espanto:
un presagio hace tintinar los animales
en la madrugada que se esculpió
sobre una estela madura

Pero hay un fogón hecho de mi voz que los enmudece
como el grito de tormenta
y el crepitar de las rocas bajo los pies

Mi abuelo silba una canción
mientras esparce su aliento de tabaco por la casa;
su voz un día se apaga en el altar:
ya no existe la brasa de su nombre
mas que en mi nombre


Íbamos por el camino
lo juro
si no te vi morir
fue porque buscaba las chicharras asidas de los árboles
en ese parque de moribundos

Desde aquel día recuerdo qué es el fuego
cuando la tierra cayó sobre su cuerpo de sal y humo:
entonces encendí el primer fósforo en mi mano:
una huella detenida
en cada esquina de la casa
donde la flama acaba el pregonar de la oscuridad

Más tarde,
olvidamos tu presencia
con las horas de café
a la vez que escuchamos un tango
en la levedad del corazón

II
Huelo la brisa de las palmeras,
a lo lejos las palabras brotan del tren
para alojarse a tiempo en mi cama;
así amanezco con el poema alojado entre mis ojos:
pero ese mineral no vive aún en mí

Por aquellos años
libros oscuros y secretos duermen en las hendiduras de los desvanes;
atisbo sobre sus lomos de bestia
que procura descansar en cada grieta del tiempo:
la tarde huele a copal:
nunca más tu sangre
mas que en mi sangre

III
Sólo soy costra polvosa
rasuro la hierba tardía con la tenacidad
de quien anhela tocar los abismos,
escucho el viento verde
ni la piedra que ríe
en esta tarde incierta que se abre a mí

La habitación descubre una vaga línea
de calles ensanchadas con el golpe de cristales;
aquí espero la humedad interrumpida,
los cascajos diáfanos,
para que los ruidos del agua me despierten
de esta sublime ebriedad

IV
Abrías la mano
y mi corazón jadeante era mordido por las fauces de tus dedos

Al despertar,
un aleteo de tus pestañas
y mi cara de mujer adusta
como siglos antes
cuando debía extender el polvo de las sábanas
y besarte l espalda
hasta convertirla en cauces de agua

V
He dejado de mirar el mundo
con la sinceridad de una niña
que olfatea a los leones en las aceras,
esta vez
paso las noches
en la última hendidura de la almohada
con una columna de serpientes y escorpiones:
silicio gris y traslúcido

Este murmullo de las aves que me aturde a diario
como el desquicio de un sin fin de hombres
este breve pujido del hambre que me impide dormir
este sillón de piedra que cada madrugada
es un pedernal sobre mi espalda

Voy por el sendero
donde mis ojos cristalinos
algún día estrellaron su mirada:

culebras de agua
en la profundidad de mis pechos
germinan la sal
con un dolor constante.

VI
Siempre me he sentido sola,
aún desde el primer soplido de los hombres
en mi garganta.

1 comentario:

cristina caballero dijo...

el camino es arduo, la semilla está echada en la tierra que madura,a su ritmo. Saludos, eres una grata lectura al regresar a casa...

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